La resistencia Warao: El triunfo de la dignidad

Cómo la resistencia del pueblo indígena Warao en Boa Vista – Roraima, dio frutos para todos. En el tablero de la gestión pública y los derechos humanos, pocas historias logran un desenlace donde la justicia social y el desarrollo urbano caminen de la mano.

Por Juan Carlos Greco *

Lo que comenzó como una alerta de desalojo inminente (luego de la Pascua 2025) para casi 400 indígenas de la etnia Warao, inmigrantes de Venezuela residentes en la zona oeste de Boa Vista, se ha transformado en un giro histórico: el Gobierno de Roraima confirmó la construcción del Complejo de Salud Dr. Alceste Madeira, una megaobra sanitaria que no solo albergará la nueva maternidad estatal, sino también cuatro unidades especializadas de atención médica.

Proyecto del nuevo Complejo de Salud Dr. Alceste Madeira que se construirá en Boa Vista.

Sin embargo, el verdadero trasfondo de este logro colectivo no reside únicamente en los números de la obra o en sus R$ 140 millones de inversión financiados con fondos del Novo Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC) y otros, sino en la firme resistencia comunitaria y el papel decisivo de las instituciones de derechos humanos que impidieron un atropello social.

El freno judicial a un despojo abrupto

Desde el año pasado, la noticia de que el terreno donde estaba el antiguo Ginásio Pintolândia –actualmente ocupado por la comunidad Indígena Yakera Ine (“Estoy bien”, en idioma Warao)– sería derribado para construir la maternidad pública desató una profunda ola de incertidumbre. La intención del Poder Ejecutivo de desocupar el lugar de manera apresurada amenazaba con dejar a la intemperie a decenas de familias, niños y ancianos que encontraron en ese predio un refugio tras el cierre de los campos de refugiados oficiales.

Fue en ese momento crítico cuando la Defensoría Pública de la Unión (DPU), en acción conjunta con el Ministerio Público Federal (MPF) y organizaciones de la sociedad civil, activó los mecanismos de protección constitucional e internacional.

Visita del gobernador a las instalaciones. Foto: Folha BV

El fallo de la 1.ª Vara Federal Cível de Roraima fue un hito de soberanía humanitaria: ordenó la prohibición absoluta de cualquier desalojo forzado sin que antes existiera un plan habitacional digno, concertado y respetuoso de las dinámicas culturales de los pueblos originarios. La justicia dejó claro que la infraestructura pública no puede erigirse vulnerando los derechos humanos fundamentales.

La mediación política y el cambio de rumbo

Después del freno judicial y ante la posibilidad de perder los recursos federales del PAC, la política cobró protagonismo. Desde la Asamblea Legislativa de Roraima (ALE-RR), bajo la mirada de su expresidente, Soldado Sampaio (actual gobernador de Roraima), se impulsó la búsqueda de una alternativa sensata: mudar la ubicación del proyecto a un predio estatal verdaderamente apto e inactivo.

La mirada se dirigió entonces al barrio Jockey Club, específicamente al lote de 30.000 m² del antiguo Clube do Trabalhador (lugar donde funcionó hasta 2020 la histórica ocupación Ka Ubanoko de los Warao e Ye’kwana). Este terreno, libre de conflictos de habitabilidad inmediata y sumido en el abandono tras su cierre, ofreció el espacio perfecto para ejecutar una obra de mayor envergadura sin crear nuevos focos de vulnerabilidad.

Parte de las estructuras abandonadas

Una victoria que beneficia a toda la sociedad

El cambio de dirección transformó lo que iba a ser una simple maternidad en un proyecto sanitario de verdadero impacto regional. Las diferencias cualitativas del nuevo destino justifican con creces la batalla de los migrantes:

1. Un entorno óptimo para el descanso y la salud

El terreno elegido inicialmente, estaba situado frente a una concurrida plaza pública colindante con una escuela y por esto presentaba severas limitaciones operativas. La convivencia constante entre el flujo de ambulancias y el dinamismo escolar o festivo de la plaza rompía con el silencio y la tranquilidad indispensables para las pacientes obstétricas. El predio del Jóquei Clube ofrece un área amplia y aislada de grandes alborotos comunitarios.

2. Especialización y descongestión del sistema

La nueva maternidad contará con 46 camas y capacidad para 480 partos mensuales, enfocándose en partos de baja complejidad y partos normales. Esto permitirá que la maternidad Nossa Senhora de Nazaré se concentre en gestaciones de alto riesgo y cesáreas.

La comunidad del antiguo Ka Ubanoko tenía un gran número de niños. Foto: Jaime C. Patias

3. Servicios integrados para la Zona Oeste

El complejo incluirá una nueva estructura de urgencias, un ambulatorio prenatal de alto riesgo, una ampliación del Centro de asistencia sanitaria a la mujer, un ambulatorio ortopédico,  y un centro de referencia para el tratamiento de autismo y enfermedades raras.

Lo que inició como una dura confrontación entre el avance del Estado y el derecho a la tierra de un grupo de migrantes e indígenas culminó en una lección de planificación urbana. La firmeza de la comunidad Warao y el respaldo de la DPU no frenaron el progreso; por el contrario, forzaron al gobierno a tomar la mejor decisión, regalándole a Boa Vista un complejo de salud descentralizado, de mayor alcance y cimentado sobre el respeto a la dignidad humana.

Comunidad Indígena Yakera Ine en Boa Vista. Foto de : Juan Carlos

Celebramos este paso

Lo hacemos junto a todos los que, desde el ámbito civil y religioso, han contribuido con un granito de arena para llegar a esto: La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), el Consejo Indigenista Misionero (CIMI), la Fundación Nacional de los Pueblos Indígenas (FUNAI), el Observatorio de Derechos Humanos, Cáritas, diversas iglesias evangélicas y tantos otros más… Celebramos la dignidad que venció a la prepotencia y lo hacemos, junto a otros, con espíritu ecuménico y fraterno.

Con todo este logro es solo un paso en el camino; seguimos mirando al horizonte y anhelamos, a mediano plazo, que las familias Warao puedan finalmente acceder a una tierra propia, un territorio seguro en el que la infancia vuelva a jugar sin el fantasma del desalojo y donde su ser indígena florezca en plenitud. Soñamos con el día en que su identidad, su artesanía y sus cantos no tengan que resistir en la incertidumbre urbana, sino que caminen confiados hacia ese Buen Vivir que Dios sueña para todos sus hijos e hijas.

Una jornada de servicio comunitario en el antiguo Ka ubanoko, con la participación de diversas organizaciones. Foto: Jaime C. Patias

Para nosotros, como familia misionera de la Consolata, este acontecimiento encarna de forma viva nuestro compromiso con la Justicia, la Paz e la Integridad de la Creación (JPIC), una dimensión transversal que guía toda nuestra misión.

Sabemos que la verdadera paz no es la ausencia de conflicto, sino el fruto de la justicia social y de la ecología integral. Al caminar al lado del pueblo Warao (desde el Delta Amacuro en Venezuela) y defender su dignidad contra la arbitrariedad, la misión profética no frenó la vida; al contrario, abrió camino para un bien común mayor, donde la salud pública y los derechos de los más vulnerables se abrazan en la construcción del Reino de Dios.

* Padre Juan Carlos Greco, IMC, equipo de la revista Missões en Boa Vista, Roraima.

Para conocer más sobre Ka Ubanoko, especialmente sobre el pueblo indígena Warao del Delta del Amacuro en Venezuela, vea el documental “Odisseia Warao” producido por los periodistas Marco Bello y Paolo Moiola de la revista Missioni Consolata en 2020.

Contenido relacionado