Venezuela: De las ruinas al éxodo

La Guaira, la zona más afectada por el terremoto. Más de 20.000 personas viven en 107 campamentos de refugiados y 16.740 resultaron heridas. Foto: Caritas Venezuela

El terremoto como detonante de una posible nueva crisis migratoria. El doblete sísmico que sacudió especialmente La Guaira y Caracas en Venezuela el pasado 24 de junio de 2026 no solo dejó una profunda huella de destrucción material y miles de pérdidas humanas; también activó una bomba de tiempo social.

Por Juan Carlos Greco *

En un país que ya arrastraba una de las crisis de movilidad humana más complejas del planeta, este desastre natural actúa hoy como un multiplicador de vulnerabilidades, amenazando con desatar una nueva e impredecible ola migratoria.

El desplazamiento interno forzado

La crisis no empieza en las fronteras, sino en las calles agrietadas de La Guaira y Caracas. Con más de 18,000 personas sin hogar y decenas de miles reubicadas de emergencia en campamentos temporales, el terremoto ha fracturado el arraigo de comunidades enteras.

El desplazamiento interno es la primera fase del éxodo. Familias que lo perdieron todo se ven obligadas a migrar hacia el interior del país, saturando los ya debilitados servicios públicos de otras regiones, o a hacinarse con familiares en zonas menos afectadas.

Zona afectada por el terremoto en La Guaira, Venezuela. Foto por: Cáritas Venezuela

Para muchos, el refugio temporal es solo la antesala de una decisión más drástica: abandonar el país. Cuando una vivienda o un pequeño comercio familiar se desploma, se caen también los últimos motivos económicos y emocionales para quedarse.

El colapso de las vías y el cambio de rutas

Un factor logístico crucial en esta nueva realidad es el severo daño sufrido en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía, la principal puerta de salida aérea del país. Al quedar fuera de servicio por afectaciones estructurales, la opción de una migración planificada o regular por vía aérea se ha reducido al mínimo.

La Guaira. Foto: Juan Almeida

Consecuentemente, los flujos migratorios se desplazarán inevitablemente hacia los canales terrestres. Se prevé un incremento sustancial en el número de personas cruzando a pie o en transporte informal hacia las fronteras de Colombia y Brasil. Esto no solo incrementa el riesgo y la vulnerabilidad de los migrantes frente a redes de trata y peligros climáticos (como el Tapón del Darién), sino que también mete una presión inmediata a las políticas de absorción de los países vecinos.

La presión de las remesas y el “retorno imposible”

El sismo también ha transformado la dinámica de la diáspora que ya se encuentra en el exterior. Aquellos que planeaban regresar voluntariamente debido a la tímida estabilización económica de los últimos años han congelado sus planes: nadie vuelve a un territorio en reconstrucción.

Por el contrario, la carga económica sobre los venezolanos en el extranjero se ha duplicado. La urgencia de enviar dinero para costear tratamientos médicos, reconstruir techos o financiar la salida de familiares damnificados tensiona las economías de los migrantes en sus países de acogida, generando un impacto económico transnacional.

Un llamado a la respuesta regional

El terremoto en Venezuela no puede ser visto por la comunidad internacional únicamente como una catástrofe natural de impacto local. Sus réplicas sociales se sentirán muy pronto en los puestos fronterizos de toda la región. En Roraima, norte de Brasil, en la última reunión (09 de julho) de la Articulación de Servicios Eclesiales para Migrantes y Refugiados (de la cual nosotros, misioneros de la Consolata hacemos parte desde un inicio) teníamos el registro de 14 casos de personas afectadas por el terremoto que se habian presentado a algunas de las organizaciones miembro sólo ese día.

Articulación de Servicios Eclesiales para Migrantes y Refugiados en Roraima. Foto: Juan Carlos

La reconstrucción del país no solo requerirá cemento y asistencia médica inmediata, sino también una estrategia diplomática y humanitaria regional que entienda que, tras perderlo todo bajo los escombros, la migración ya no es una alternativa de superación, sino un mecanismo desesperado de supervivencia.

En lo personal, espero los últimos acuerdos entre la Delegación de Venezuela y la región de Brasil ´para partir a Caracas y ponerme a disposición en alguno de los servicios que la Iglesia Católica está desenvolviendo o desenvolverá. Desde allá podemos seguir compartiendo “miradas”.

Oficial de víctimas y daños (Julio 2026)

CategoríaCifra Oficial ReportadaDetalles clave
Fallecidos4,734 personasLa cifra ascendió tras recuperarse más cuerpos de estructuras colapsadas.
Heridos16,740 personasReportados con distintas gravedades en centros de salud colapsados.
DesaparecidosMiles (estimaciones de más de 60,000)Hay miles de denuncias de personas de las que aún no se conoce su paradero.
Sin Vivienda (Damnificados)17,907 personasPersonas cuyas casas colapsaron o quedaron inhabitables.
En Refugios Temporales20,903 personasDistribuidas en los 107 campamentos transitorios habilitados.

Desde informaciones extraoficiales se pone en duda estos números, pensando que los mismos son más elevados en la realidad.

El estado de las viviendas: Se calcula que el desastre afectó gravemente a más de 800 edificios, de los cuales unos 190 colapsaron por completo (principalmente en zonas de La Guaira como Caraballeda). El gobierno estima que se requerirá construir al menos 25,000 viviendas nuevas para paliar la pérdida habitacional.

Réplicas continuas: Desde el evento principal, se han registrado más de 1,270 réplicas. Esto mantiene a la población en constante alerta y ha obligado a evacuar más estructuras por prevención ante el riesgo de nuevos desplomes.

La situación en los refugios: Los 107 campamentos activos en Caracas y estados aledaños albergan a más de 20,000 personas que dependen completamente de la asistencia humanitaria local.

* Padre Juan Carlos Greco, IMC, misionero en Boa Vista, Roraima.

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