Mártir Leonella Sgorbati

17 septiembre, 2020
Sus últimas palabras fueron: “Perdono, perdono, perdono”

El 17 de septiembre celebramos la memoria de la beata Leonella Sgorbati, misionera de la Consolata, mártir del diálogo y del perdón. Sus últimas palabras fueron: “Perdono, perdono, perdono”.

Por Jaime C. Patias *

La enfermera italiana, hermana Leonella Sgorbati, MC, fue martirizada en Somalia en un domingo, 17 de septiembre de 2006, mientras cruzaba la calle después de dar clases en el hospital de Mogadiscio, donde trabajaba. La monja fue asesinada a tiros por dos extremistas islámicos. El musulmán Mahamud Mohammed Osman, su guarda-espaldas, también murió. Llevada al hospital, ella falleció. Sus últimas palabras fueron: “Perdono, perdono, perdono”. Son las mismas palabras de Jesús cuando perdonó a los que lo crucificaron: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”. Sus restos mortales fueron enterrados en Nairobi, Kenia.

La hermana Leonella en Mogadiscio, capital de Somalia, donde abrió una escuela de enfermería. Fotos: Archivo MC
TESTIMONIO DEL DIÁLOGO Y EL PERDÓN

Durante la celebración de su beatificación el 26 de mayo de 2018, en la catedral de Piacenza (Italia), el cardenal Angelo Amato, SDB, declaró: “Hna. Leonella forma parte de una multitud de benefactores de la humanidad pobre y necesitada que fueron asesinados por odio a la fe cristiana”.

Reflexionando sobre las últimas palabras pronunciadas por el mártir, (“perdono, perdono, perdono”), el Cardenal dijo: “Estas palabras constituyen el carnet de identidad del mártir cristiano que no es un asesino, sino una víctima indefensa e inocente. El mártir cristiano recibe el mal por el bien, la muerte por la vida y al resentimiento responde con amor. Siguiendo las enseñanzas de Jesús, el mártir no se venga de la ofensa que ha recibido, sino que perdona, reza y hace el bien a los que le persiguen. El martirio de la Hna. Leonella, entonces, se convierte en un signo de esperanza difundido por la tierra de la humanidad que dará flor y fruto de bien. Frente a las oscuras fuerzas de la muerte, el mártir cristiano muestra el luminoso horizonte de la vida. El martirio de nuestra beata nos invita a dejar las armas y a transformarlas en instrumentos de trabajo y de paz”.

No son las armas ni los métodos basados en la prepotencia con expresiones de odio y venganza los que garantizan la paz. La paz duradera deseada por Dios para toda la humanidad nace del diálogo y el perdón. Con Leonella, el mundo debería aprender a reconciliarse y a perdonar.

Hna. Leonella vivía con alegría y se sentía realizada en la misión
MÁRTIRES DE TODOS LOS DÍAS

La mártir Leonella era una religiosa centrada en Cristo y una enfermera dedicada a cuidar y salvar vidas. Profundamente apasionada por su vocación, la vivió con alegría, sintiéndose realizada en su entrega total al Señor en la misión. Frente a la pandemia de Covid-19 que asola el mundo, hoy la mártir nos recuerda a tanta gente que generosamente da su vida para salvar otras vidas. Incluso sin derramar su sangre, son mártires de la vida cotidiana, mártires de la cotidianidad, en la vivencia del amor y de la caridad.

En el rezo del Ángelus, el 23 de junio de 2013, el Papa Francisco recordó que “los mártires son el mayor ejemplo de la pérdida de la vida por Cristo. En dos mil años son diversos los hombres y mujeres que han sacrificado sus vidas para permanecer fieles a Jesucristo y su Evangelio (…). Esta es nuestra Iglesia. Hoy tenemos más mártires que en los primeros siglos. ¡Mártires cotidianos, mártires de la cotidianidad!”

En la Iglesia, mientras haya martirio, es decir, fidelidad a Cristo, habrá credibilidad, profecía y esperanza. Lo que cuenta es la fidelidad a la misión recibida. Una vez que acepto el peligro, esta fidelidad es iluminada por la Cruz de Cristo. “Si el grano de trigo cae en tierra y no muere, queda solo, pero si muere, da mucho fruto (Jn 12,24).

Leonella fue fiel hasta el final. Lavó sus vestidos en la Sangre del Cordero (Cf. Ap 22:14). Que ella interceda por nosotros y por toda la humanidad.

La tumba de la beata Leonella Sgorbati en Nairobi, Kenia. Foto: Jaime C. Patias
BIOGRAFÍA

Con el nombre de Rosa María, la beata Leonella nació en Gazzola, cerca de Piacenza, en el norte de Italia, el 9 de diciembre de 1940. Entró en el Instituto de las Misioneras de la Consolata (MC) en 1963 y emitió los votos perpetuos en 1972. Estudió enfermería en Inglaterra y, en 1970, fue asignado a trabajar en Kenya, donde, en 1985, dirigió la escuela de enfermería adjunta al Hospital Nkubu. En 1993 fue elegida Superiora Regional de las Misioneras de la Consolata en Kenya. En 2001 se trasladó a Mogadiscio, la capital de Somalia, donde abrió una escuela de enfermería en la ciudad. En 2006, antes de que fuera asesinada, se formaron las primeras 34 jóvenes enfermeras somalíes de mayoría musulmana. Sus restos fueron enterrados en Nairobi, Kenya.

La hermana Leonella fue beatificada el 26 de mayo de 2018, durante una celebración en la catedral de Piacenza, Italia.

* Jaime C. Patias, IMC, Consejero General para América.