Evangelio del XVII Domingo del Tiempo Ordinario

Mateo 13, 44-52
El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido o una perla de gran valor, cuando lo encuentra alguien, lleno de alegría, va vende todo lo que tiene para su compra.

Las dos parábolas tienen en común:

Primero: la alegría y sorpresa por lo encontrado
Segundo: el esfuerzo y trabajo para comprar el tesoro o la perla.

Las parábolas nos ayudan a descubrir que:

La Vida nueva semejante al reino es sorpresa y regalo de Dios que viene a nuestra existencia; por lo que vale la pena entregar, vender y hasta negociar todo cuando la hemos descubierto.

Pero sin dormirte, la vida verdadera que llega por el Reino, se deja encontrar cuando la trabajamos y buscamos, así como hizo el comerciante de perlas finas.

Para responder

¿Qué tan difícil para ti es renunciar a momentos o bienes que son buenos pero no los definitivos en tu vida? ¿Qué tesoros o perlas en tu historia vienen quitándole el lugar a Dios?

Oremos

Padre Dios que podamos encontrar a Cristo tesoro precioso y en el anuncio de tu Palabra sabiamente discernir, valorar y cuidar la perla de la vida que en el Evangelio se llama Reino. Amén.

Recuerda que la vida es una red donde estamos malos y buenos… la selección déjasela a Dios

* P. Danilo Caraballo, imc, es misionero en Argentina

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