Comienza en Roma el Curso G50: Hacer memoria para renovar la misión

Los participantes en el Curso G50 en la Casa General de Roma. Foto: Jaime C. Patias

Convocados por la Dirección General, un grupo de 11 misioneros de la Consolata se reunió en la Casa Generalicia de Roma para una nueva edición del curso de formación continua G50, programado del 1 al 26 de septiembre de 2026.

Por Jaime C. Patias *

Procedentes de diferentes naciones y comprometidos con el anuncio del Evangelio en diversos países de África, Asia, América Latina y Europa, los participantes traen consigo no solo los años de vida – 75, 78, 80 años -, sino sobre todo una rica experiencia misionera madurada a lo largo de 50 años de ordenación sacerdotal o de profesión religiosa, como indica el acrónimo G50.

El curso se propone, por lo tanto, como una oportunidad para repasar el largo camino recorrido, compartir las experiencias adquiridas y seguir viviendo la propia vocación con conciencia y renovado entusiasmo.

Como subraya el mismo programa del curso, «en muchas culturas, la tercera edad se considera un momento de gracia, ya que trae consigo sabiduría y honor. Por otro lado, es una etapa de la vida que conduce gradualmente a un retiro progresivo de la vida activa, a una cierta desaceleración y, al mismo tiempo, también a la aparición de algunas dificultades. Es, por lo tanto, un período de la vida que debe vivirse con intensidad y de manera activa, como una de las etapas de la propia formación continua».

La iniciativa está organizada por la Oficina General de Formación y coordinada por el Consejero General, el padre Mathews Odhiambo Owuor, junto con el padre Antonio Rovelli, y propone un tema para cada semana: la Palabra de Dios y la vida consagrada, las etapas de la vida, la misión hoy y un diálogo informativo con la Dirección General. La metodología incluye ponencias a cargo de expertos, reflexión personal, intercambio en grupos, retiro, meditación, oración y celebración.

El grupo visitará algunos lugares históricos en Roma, Asís y Tívoli, así como nuestras comunidades formativas. También visitará los lugares de la memoria en Turín y Castelnuovo Don Bosco, en el marco del centenario de la muerte del Fundador, San José Allamano.

Misa de inauguración del curso en la capilla de la Casa Generalicia

La formación, una actividad de suma importancia

La Santa Misa de apertura, este martes 1 de septiembre, Día Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, fue presidida por el padre Mathews Odhiambo. En su homilía, el encargado de la formación recordó que «el Instituto considera la formación de sus candidatos y miembros una actividad de suma importancia. Es un camino indispensable que conduce a la madurez y a la plenitud vocacional en la consagración como misioneros de la Consolata; pero ‘¡primero santos y luego misioneros!’. En esta dinámica –explicó–, San José Allamano subrayaba que el misionero debe desempeñar bien sus tareas, pero al mismo tiempo cuidar su salud física y espiritual”.

Padre Mathews Odhiambo y padre Antonio Rovelli

A continuación, el padre Mathews destacó la importancia de la “teología del descanso” según el Fundador. “El descanso se ve como un medio para servir mejor a Dios, no como una huida de los compromisos. En resumen, para San Allamano, la misión requiere un equilibrio dinámico: el misionero debe trabajar con dedicación, pero sabe detenerse para descansar el cuerpo y alimentar el espíritu”.

Para un misionero, recordó el padre Mathews, «detener el paso hoy, después de cincuenta años de fidelidad, significa honrar el cuerpo y el espíritu. Es en el silencio de la pausa donde la Consolación, que pertenece a la espiritualidad más auténtica del Instituto, deja de ser solo un mensaje para los demás y se convierte en una experiencia vivida en primera persona. Un misionero descansado es un misionero que irradia paz, porque ha aprendido que su valor no depende de lo que produce, sino de lo que es ante Dios».

La Pausa en el contexto del Año de la Vida Comunitaria

«Este año, –continúa el padre Mathews– el Instituto pone énfasis en la vida comunitaria, animada por el lema “una sola familia para la misma misión”. Esto añade un matiz valioso a la pausa, entendida como un reencuentro. A menudo, el ritmo frenético de la misión nos convierte en solistas de la evangelización; la pausa comunitaria, en cambio, nos permite redescubrir el rostro del hermano, compartir el recuerdo del camino y apoyarnos mutuamente en la fragilidad de la edad que avanza».

En este año de la Vida Comunitaria, «su pausa se convierte en una experiencia compartida para reavivar la chispa de la consagración. No es un tiempo de nostalgia, sino de redescubrimiento de la belleza de la vejez: una etapa en la que la sabiduría se convierte en el don más precioso para los hermanos más jóvenes y para toda la Iglesia». A nuestros hermanos mayores el deseo del padre Mathews fue que «esta pausa jubilar sea un tiempo de profundo renacimiento físico, psicológico y espiritual, para seguir siendo, tanto en el descanso como en el servicio, auténticos canales de Consolación».

Ceremonia de apertura

Para la ceremonia de apertura, el grupo G50 se reunió en el patio de la Casa Generalicia, frente a un pequeño altar en el que se encontraban la Palabra de Dios, un cuadro de la Consolata y la reliquia de San José Allamano.

Tras un momento de oración, los misioneros se pusieron en marcha en procesión hacia el Auditorio, lugar donde se llevarán a cabo los encuentros. La procesión –acompañada por la Palabra de Dios, el cuadro de la Consolata, la reliquia del Fundador y un panel con las fotografías de los participantes– se desarrolló en un ambiente de oración y canto.

La celebración continuó con un acto penitencial, acompañado por el signo de la cruz, la aspersión con agua bendita y la invocación del Espíritu Santo. Otro momento significativo fue cuando cada misionero encendió una vela al Cirio del Centenario, señal de la luz recibida y transmitida a lo largo del camino de la vocación misionera.

Posteriormente, cada caul tuvo la oportunidad de presentarse y de ahí surgió un primer intercambio de historias de vida y de misión, marcadas por éxitos y alegrías, pero también por esfuerzos y desafíos, como es propio de la experiencia del discipulado de Cristo en la misión ad gentes.

El superior y el ecónomo de la Casa, el padre Osvaldo Coppola y el padre Gabriele Casadei, dieron la bienvenida a los hermanos, presentándoles la realidad y las dinámicas de la comunidad de la Casa Generalicia.

Por la tarde el padre Mathews presentó el curso y las respuestas de los participantes al cuestionario que había sido enviado con anterioridad y el padre Antonio Rovelli explicó con detalle las diferentes etapas y actividades previstas para el mes de formación.

En este clima de fraternidad y escucha, los misioneros se prepararon para abordar el primer tema del itinerario: “La Palabra como guía en la vida consagrada”, tema central de la jornada de retiro guiada por el padre Stefano Bittasi, programada para el día siguiente, martes 2 de septiembre.

En los próximos días, el grupo G50 compartirá algunos aspectos de la riqueza de la experiencia vivida durante este mes de descanso, formación, intercambio y renovación.

* Padre Jaime C. Patias, IMC, Oficina de Comunicación.

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