Misión Profética en Contextos de Aflicción e Injusticia

Comuna 13, Medellín – Colombia. PH: Archivo IMC Colombia

Presento esta reflexión como un aporte al caminar de nuestra Iglesia en América Latina, donde hemos buscado aplicar el Concilio Vaticano II con una mirada profundamente profética y situada. En estas líneas, comparto mi visión sobre cómo superar los dualismos que nos han separado del mundo, para abrazar una misión integral que responda a los signos de los tiempos.

Por Gabriel Naranjo Salazar *

Propongo que reconozcamos la “ciudadanía teológica” de los pobres, viéndolos no como meros objetos de asistencia, sino como sujetos que nos evangelizan y en quienes descubrimos el rostro mismo de Cristo. Mi intención es trazar un camino que nos lleve del simple asistencialismo hacia el empoderamiento y el cambio sistémico, integrando la opción por los más vulnerables con el cuidado de nuestra casa común. Los invito a profundizar en una espiritualidad misionera donde la escucha de la Palabra y el servicio al hermano se fundan en un solo movimiento liberador hacia el Reino

En relación con la aplicación del Concilio en América Latina y el Caribe

Comienzo por ubicar esta reflexión en el Concilio Vaticano II y en la manera como fue asumido por el Episcopado Latinoamericano en sus Conferencias Generales. Pues bien, el Continente que más rápido y mejor logró aplicarlo fue América Latina, a partir de la Conferencia General del Episcopado, Medellín, 1968, con el tema de “la Iglesia en la actual transformación de América Latina, a la luz del Concilio”.

Me refiero ante todo a las cuatro claves de lectura del mismo Concilio que se han ido madurando en América Latina, por su relación con una misión profética y contextual:

  1. La valoración de la legítima autonomía de la creación, que ayudó a superar los dualismos de cuerpo y alma, tierra y cielo, mundo e Iglesia, naturaleza y gracia, lo profano y lo sagrado; y fue creando un método teológico nuevo inspirado en el incontenible valor de los signos de los tiempos. De esta manera la misión de la Iglesia pasa de lo meramente religioso o espiritualista, hacia una visión integral que la ubica evangélicamente en la sociedad, respetando siempre la pluralidad en la búsqueda humilde de la verdad.
  2. La identificación de la Iglesia como pueblo de Dios, enraizada en el misterio trinitario, con una pertenencia que parte del bautismo y que privilegia el papel de los laicos en su organicidad. 
  3. La vuelta a las fuentes, sobre todo de la Palabra de Dios, que “antecede y excede “a la Sagrada Escritura.
  4. El protagonismo del Espíritu en la vida de la Iglesia y la historia de la salvación; de hecho, “Él es la clave silenciosa y oculta pero presente y vivificante que ilumina todos los documentos conciliares”. De Él ha dependido el giro ecuménico latinoamericano, que en Europa se centró en el dogma, mientras que América Latina, en relación con la Palabra y los compromisos sociales. 

Uno de los factores más determinantes de este proceso fue, por una parte, “la vuelta del exilio” de la Palabra, su “regreso al nido” del pueblo de Dios, que desató la Constitución sobre la Palabra de Dios, Verbum Dei, y, por otra, la sensibilidad bíblica del catolicismo latinoamericano. La realidad es que la primera evangelización provino de España y Portugal, cuando allá se respiraba un acercamiento muy fuerte a la Sagrada Escritura. De hecho, los primeros misioneros, durante no menos de 40 años, lograron imprimir a la misión un alma totalmente bíblica con evidentes frutos, como: un anuncio salvífico y no condenatorio de la fe; una predicación profética de denuncia de los abusos de los conquistadores y los colonizadores; una vivencia espiritual y mística de la vida cristiana que floreció en un ramillete de santos laicos, como Rosa de Lima (1586-1617), Juan Macías (1585-1645), María de los Ángeles Monte-agudo (1595-1686), Pedro Betancur (1585-1667). Claro, esta semilla cayó en una especie de hibernación, de cuatro siglos, a raíz de la Reforma Protestante de Lutero y el consiguiente arrinconamiento de la Biblia por parte del Concilio de Trento. 

Con el Vaticano II se despertó aquella adormecida semilla de los primeros años con impresionante vitalidad, hasta expresarse en la que hoy se reconoce como “lectura latinoamericana de la Palabra de Dios”: contextual, por su relación con la vida; comunitaria, por su relación con el pueblo; histórica, por su opción por los pobres y la lucha por la justicia y la paz; actualizada, desde diversas ópticas, ecológica y con sentido ecuménico.

Desde la antropología del pobre

Uno de los frutos de esta aplicación del Concilio, en un trasfondo bíblico, es el reconocimiento de la ciudadanía teológica de los pobres por medio de lo que se conoce como antropología del pobre, que tiene que ver con su sentido de la gratuidad y de la fiesta, su aceptación de la realidad, su sentido del otro (con minúscula) y del Otro (con mayúscula), su sensibilidad por lo concreto y lo inmediato. Hay algo más: esta antropología del pobre es antropología de Cristo en cuanto que la manera como se encarnó el Hijo de Dios fue haciéndose pobre y viviendo al lado de los pobres. Así se han familiarizado en el Continente y en la Iglesia estas certezas: los pobres son hermanas y hermanos nuestros; en ellos podemos descubrir la presencia del Espíritu: los pobres nos evangelizan. De ahí que, como lo afirmó Benedicto XVI: “la opción por los pobres es parte de la fe cristológica” y como lo dijo Francisco: “Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos”.

A este punto se produce una convergencia particularmente significativa para la misión: en América Latina los laicos son mayoritariamente pobres. Por tanto, el protagonismo de los laicos en la Iglesia coincide históricamente con el protagonismo de los pobres en esta propuesta alternativa de sentido. Por supuesto que esto implica y lleva a pasos decididos del asistencialismo, como solo alivio de necesidades urgentes; a la promoción, como superación de la dependencia mediante la educación, la formación y el desarrollo; al empoderamiento, para que se conviertan en sujetos de sus procesos de transformación; al cambio sistémico, para incidir en las estructuras que ocasionan la miseria; al compromiso político, no partidista, en favor de la justicia en el corazón de la transformación global. 

De esta manera se ha decantado una convicción que ha inspirado a la Confederación Latinoamericana de Religiosas/os (CLAR) y que el Papa Francisco convirtió en la esencia de su pontificado: una Iglesia pobre. Porque la Iglesia es plenamente Iglesia cuando vive su misión “para”, “con”, “cómo”, “desde”, “al lado de”… los pobres, como sujetos y no simples destinatarios de su servicio y su evangelización.

Misión y profecía, desde la aflicción y la injusticia

A este punto aparece un puente entre antropología del pobre y justicia social y ambiental, que se sostiene sobre un proceso ascendente de interpretación sostenido por el magisterio del Episcopado Latinoamericano y el de los dos últimos Papas, Benedicto XVI y Francisco. Se da así un paso de la antropología del pobre a la teología, la cristología y una ecología del pobre.

El pobre nunca ha estado ausente de la política, aunque no siempre como un referente irrenunciable de la búsqueda del bien común y de la primacía de la dignidad de la persona en la configuración de toda sociedad; tampoco ha dejado de estar presente, nunca, en la reflexión y la actividad de la Iglesia, pero con frecuencia descuidando sus implicaciones políticas. Uno de los más grandes avances de la reflexión postconciliar de la Iglesia en América Latina y El Caribe es el que tiene que ver con el trasfondo evangélico que da sustento a estas relaciones entre pobre, Iglesia y política. Se trata de una reflexión antropológica, teológica, cristológica y ecológica, progresivamente latinoamericana y católica, en el sentido de un avance que maduró en este Continente y que se convirtió en patrimonio de la Iglesia universal, con el Papa Benedicto XVI, bajo el dinamismo de su animación bíblica, y con el Papa Francisco, bajo el dinamismo de su animación misionera y ecológica. Esta progresividad paupero-céntrica se constata en importantes documentos episcopales y pontificios de los años recientes; sintéticamente que se trata de: 

  1. Una antropología donde los valores del pobre y de la pobreza son presentados como una propuesta alternativa de ser persona humana, hasta el punto de que los pobres evangelizan;
  2. Una teología que recoge la especial predilección de Dios por los pobres que atraviesa todas las páginas de la Sagrada Escritura, hasta el punto de que ellos son anunciadores y ciudadanos del Reino;
  3. Una cristología porque los rostros sufrientes de los pobres son el rostro sufriente de Cristo, hasta el punto de que ambos se reclaman;
  4. Una ecología del pobre por la íntima relación que hay entre los fenómenos humanos y los ecológicos, hasta el punto de que hoy es inseparable la opción preferencial por los pobres de la opción preferencial por la tierra.

Conclusión: la espiritualidad, como eje de una acción misionera liberadora

En el contexto latinoamericano, la misión profética se encuentra en un punto de convergencia entre dos grandes corrientes del pensamiento eclesial contemporáneo: la Doctrina Social de la Iglesia y la Teología de la Liberación. Durante décadas estas corrientes han sido presentadas como opuestas. Sin embargo, una lectura más profunda revela que ambas comparten fundamentos comunes:

  • la centralidad de la dignidad humana
  • la opción preferencial por los pobres
  • la dimensión social del Evangelio
  • la responsabilidad histórica de la fe.

La vocación misionera y profética de la Iglesia posee una singular capacidad de tender puentes entre distintas tradiciones espirituales y eclesiales, porque en su núcleo articula de manera orgánica tres dimensiones que en realidad no pueden separarse: la Palabra, el pobre y la espiritualidad. La Palabra de Dios no aparece como referencia doctrinal, sino como fuente permanente de discernimiento histórico, capaz de leer los signos de los tiempos a la luz del Evangelio. En esa lectura, el pobre ocupa un lugar teológico privilegiado: no es solamente destinatario de la caridad, sino espacio sacramental donde Cristo mismo se hace presente y desde donde interpela continuamente a la Iglesia. De esta manera, Palabra y pobre se iluminan mutuamente y se convierten en dos polos inseparables del dinamismo evangelizador, situados en el corazón mismo de la vida y la misión eclesial.

La espiritualidad misionera es el lugar donde esta unidad se integra y cobra densidad existencial. No es interioridad desligada de la historia, sino un espacio teologal donde la escucha de la Palabra y el encuentro con el pobre se reconocen como un mismo movimiento del Espíritu, orientado al Reino. En esta perspectiva, la vida espiritual se convierte en la mediación que sostiene y unifica contemplación y acción, fe y compromiso, oración y servicio. En otras palabras, la autenticidad de la experiencia espiritual se verifica en la práctica concreta de la caridad, porque en ella la Iglesia reconoce que la Palabra escuchada y el pobre servido convergen como signos vivos de la presencia del Reino en la historia.

Referencias Bibliográficas

Cf KÜNG, Hans. Ética mundial en América Latina. Madrid, Trotta, 2008.

Mensaje al pueblo de Dios, del Sínodo de los Obispos sobre la Palabra de Dios. 2008.

CODINA, Víctor. “Hace 50 años hubo un Concilio… significado del Vaticano II”. Barcelona, Edicions Rondas S.L; 2012.

FELDKÄMPER, Ludger. “La Federación Bíblica Católica al comienzo de un nuevo milenio; esperanzas y desafíos”. La Palabra hoy, 92/93, 1999.

NARANJO Salazar, Gabriel. De la Pastoral bíblica a la Animación bíblica de la pastoral. Bogotá, San Pablo-CELAM, 2010.

NARANJO Salazar, Gabriel. “El nuevo impulso que debe animar a las Hijas de la Caridad frente a la nueva evangelización”. Asamblea General 1997. Conferencia, París.

CARRASQUILLA, Federico. Escuchemos a los pobres: aportes para una antropología del pobre. Bogotá, Indo American Press Service, 1997.

Papa Francisco. Audiencia privada a la Presidencia de la CLAR. Palacio Apostólico, 13 de junio de 2013.

NARANJO Salazar, Gabriel. “Claves Hermenéuticas de la Incidencia Política de Nuestro Compromiso con el Pobre”. Este artículo corresponde a una conferencia del autor en el encuentro fundacional de la Red Vicentina para la Justicia, la Paz y la Integridad de la Creación (VIN-JPIC), de las Américas, Bogotá, 22 a 26 de 2019.

Documento Final de Aparecida; Verbum Domini; Evangelii Gaudium; Laudato Si’

Por P. Gabriel Naranjo Salazar, CM – Sacerdote Vicentino de Colombia. Director – Fundador de la Fundación Lazos de Amistad; Coordinador de la Coalición de Religiosas/os de la ONU por la Justicia en América Latina y El Caribe (JCoR AL-C); Vicepresidente de la Familia Vicentina de América Latina y El Caribe; Asesor nacional de la AIC (Asociación Internacional de Caridades – Damas de la Caridad) y del Consejo Superior Nacional de la SSVP (Sociedad de San Vicente de Paúl)

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