Padre Clovis Audet, un misionero de corazón

Padre Clovis Audet, IMC (1935-2026)

Misionero de la Consolata falleció el 27 de agosto de 2026 en Montreal, a los 91 años. Nacido en Canadá y ordenado sacerdote en Turín en 1963, dedicó más de seis décadas al servicio misionero en América y África. Hombre de profunda fe, sencillez y generosidad discreta, dejó el testimonio de una vida entregada a Dios, a la misión y a sus hermanos.

Por Redacción *

Nacido en Maria, en Gaspésie (Canadá), el 24 de enero de 1935, el misionero de la Consolata, padre Clovis Audet, falleció en Montreal el 27 de agosto de 2026. Los funerales se celebrarán el jueves 3 de septiembre a las 14:00 horas, en la capilla del segundo piso de la Casa de las Hermanas de la Providencia, 5655 rue de Salaberry, Montreal.

Clovis era el menor de 14 hermanos. En 2022 publicó un libro en el que relató su vida misionera, titulado Qui m’a appelé, traducido al español al año siguiente.

Clovis de niño y su hermana Rita en las tierras de la familia, en Maria, su pueblo natal.
Humildad en el servicio misionero

Ordenado sacerdote en Turín el 30 de marzo de 1963, prestó servicio como misionero en Colombia, América del Sur, durante 22 años; en la República Democrática del Congo y en Costa de Marfil, África, durante 17 años; y posteriormente en México, trabajando en orfanatos, seminarios y parroquias con comunidades indígenas.

Desempeñó diversos servicios, entre ellos animador misionero —especialmente en Quebec—, animador pastoral, formador y administrador. Hombre tan concreto como intelectual, fue un valioso apoyo para todos sus hermanos de comunidad.

Padres Claude Morneau, Paolo Fedrigoni, Jean Paré y Clovis, Comunidad IMC de Montreal. Foto: IMC Canadá.

Su humildad era ejemplar. Durante muchos años, sentado ante su escritorio, tradujo del italiano al francés las Conferencias del Fundador, san José Allamano, y fue asimilando profundamente su espíritu de santidad.

Conservamos con estima el recuerdo del padre Clovis: un misionero de corazón, que valoraba profundamente los vínculos con su familia y la vida comunitaria, dando especial importancia a la fraternidad y a la amistad. Más inclinado a escuchar que a hablar, era un hombre de profunda fe, recibida en el seno de su familia desde la infancia. Una fe sencilla, alimentada por la oración constante: la Eucaristía diaria, la Liturgia de las Horas, el Rosario y el retiro anual.

Fue un sacerdote convencido de la grandeza de su vocación en la Iglesia. Un misionero dispuesto a cualquier sacrificio para anunciar la Palabra de Dios en cualquier lugar del mundo. Era también un valioso consejero para quienes acudían a él.

En Puerto Leguízamo (Colombia, finales de los años 80), con otros Misioneros de la Consolata y miembros de la pastoral. El padre Clovis aparece a la izquierda, sentado después de la religiosa. Foto: Archivo familiar e IMC Quebec.

Durante sus últimas semanas, el padre Clovis hizo suyas las palabras de san Pier Giorgio Frassati: «El día de mi muerte será el más hermoso de toda mi vida…». Que la Virgen María, Nuestra Señora de la Consolata, nuestra Madre en el cielo, le abra las puertas del Paraíso.

Padre Clovis Audet: modelo de sencillez y generosidad discreta

A continuación, publicamos el testimonio del padre Toussaint Twite Mukota, IMC, desde Kinshasa:

Conocí al padre Clovis en 2001, cuando era seminarista de primer año de Filosofía, en Kinshasa, República Democrática del Congo. Él acababa de llegar al Congo. Estaba dedicado a conocer y comprender el nuevo contexto en el que se encontraba, y también al aprendizaje del lingala, la lengua local.

Gracias a su disponibilidad, su sencillez y su sincero deseo de relacionarse con las personas, en poco tiempo logró establecer buenas relaciones con varios seminaristas. Su presencia dejó en nosotros un recuerdo entrañable, marcado por la cercanía, la escucha y la fraternidad.

El padre Clovis y el padre Michael Mutinda. Foto: Jaime C. Patias.

Incluso después de su partida del Congo, el padre Clovis permaneció siempre cerca de nosotros. Continuó manteniendo el contacto mediante mensajes frecuentes, con palabras de ánimo, amistad y apoyo espiritual. Su cercanía, aun a la distancia, fue para nosotros un testimonio concreto de fraternidad y atención.

Lo que más llamaba la atención en él era, ante todo, su sencillez. En una sociedad que corre detrás de las apariencias y del rendimiento, el padre Clovis vivía con sobriedad, sin buscar comodidades ni reconocimientos. Era un ejemplo vivo de lo que significa ser misionero: no una persona extraordinaria, sino un hermano humilde y disponible, cuya existencia cotidiana, hecha de oración y presencia, edificaba a quienes estaban a su alrededor.

El padre Clovis Audet celebra sus 90 años en Guadalajara. Foto: IMC México.

Pero esta sencillez era el terreno fértil de otra virtud, todavía más discreta: una profunda y reservada generosidad. Encarnaba con naturalidad estas palabras de nuestro Santo Fundador: «El bien hay que hacerlo bien, sin ruido». Tradujo al francés numerosos documentos de nuestro Instituto para los países francófonos y ayudó, con total discreción, a muchas personas aquí en el Congo. Hizo todo esto sin publicidad y sin buscar protagonismo.

Se cuenta que siempre era el primero en interesarse por la ausencia de otro misionero, manifestando una atención discreta pero constante hacia cada uno. Su preocupación por los demás no buscaba hacerse notar: se expresaba en lo cotidiano, en el sencillo gesto de cuidar de los otros, sin buscar ser visto. A pesar de la edad y de las dificultades para hablar, continuaba ofreciendo lo mejor de sí mismo, en silencio, como una semilla confiada a la tierra.

El padre Clovis con Jacques Pelletier, amigo de los Misioneros de la Consolata.

El padre Clovis Audet nos deja una valiosa herencia: la de una vida entregada sin ruido, pero con una constancia y una fidelidad que, por el contrario, hablan con fuerza. ¡Que su sencillez y su generosidad discreta continúen inspirando nuestras vidas!

* Con informaciones de la Comunidad IMC de Montreal, Canadá, y el testimonio del Padre Toussaint Twite Mukota IMC, misionero en Kinshasa, República Democrática del Congo. Traducido del italiano por Julio Caldeira IMC.

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