Padre Charles Gachara: «Contemplar las maravillas que Dios ha realizado»

El padre Charles escucha la confesión de una niña que se preparaba para recibir la primera comunión en una comunidad de Barlovento. Fotos: Jaime C. Patias.

Hijo de Joseph Munyu y Mery Gathinga, el padre Charles Lwanga Gachara, IMC, nació en 1972 en Kieni East, en la región central de Kenia. El misionero de la Consolata, que actualmente trabaja en la periferia de Caracas, Venezuela, comparte su historia vocacional, su proceso de formación en Kenia y Colombia, y sus casi 25 años de misión en Venezuela, en este vídeo grabado en Roma en septiembre de 2025, durante el curso de formación permanente G25.

Por Jaime C. Patias *

Charles cursó la educación primaria y secundaria en su pueblo, donde conoció a los misioneros de la Consolata. Ingresó en el seminario de Filosofía de Nairobi y realizó el año de noviciado en Sagana, Kenia, en 1996, que concluyó con su primera profesión religiosa. A continuación, fue enviado a Bogotá, Colombia, donde estudió Teología y obtuvo la licenciatura en esta disciplina. En 2001 fue ordenado diácono. Su ordenación sacerdotal tuvo lugar en Kenia el 14 de diciembre de 2002, cuando recibió su destino misionero a Venezuela.

En este país latinoamericano, que desde hace años atraviesa una profunda crisis económica, política y social, el joven misionero africano comenzó con entusiasmo su trabajo en una parroquia. «Allí aprendí de mis compañeros cómo trabajar con niños y jóvenes», explica el padre Charles. «Después, me invitaron a coordinar la Animación Misionera Juvenil y Vocacional en Barquisimeto, donde tenemos nuestro centro. También trabajé con las Obras Misionales Pontificias, una experiencia muy bonita», cuenta.

Más adelante surgió otro desafío: la misión entre las comunidades afrodescendientes de la región de Barlovento, en tres parroquias: El Clavo, Panaquire y Tapipa. Actualmente, los misioneros de la Consolata prestan asistencia pastoral en toda esta región desde la parroquia de Concagua, donde residen.

Padre Charles visita a paróquia El Clavo

«Es realmente inspirador ver a estas personas que, debido al paso de tantos años, ya no conocen a sus antepasados, pero mantienen viva su cultura, sus tradiciones y tantos otros valores que enriquecen a la Iglesia local con su manera de ser». En este contexto, los misioneros de la Consolata han desarrollado la Pastoral Afro, un método de evangelización sensible a los valores y a la identidad cultural de las poblaciones afrodescendientes.

El padre Charles trabaja actualmente en la parroquia de San Joaquín y Santa Ana, en Carapita, en las afueras de Caracas. Se trata de otra comunidad muy rica y diversa, formada por personas procedentes de distintas partes del país, así como por extranjeros. «Todo esto enriquece el rostro de nuestro Instituto y de nuestra misión», observa el sacerdote. Fue allí donde el padre Charles celebró recientemente el 25.º aniversario de su ordenación sacerdotal, coincidiendo con el Jubileo de 2025.

Vista de Carapita, en la perifería de Caracas, donde se encuentra la parroquia de San Joaquín y Santa Ana.

«Al mirar atrás, a mi historia y a mi trayectoria pastoral, me veo como el pueblo de Israel contemplando las maravillas que Dios ha realizado. He afrontado dificultades y muchos desafíos, pero en todos esos momentos Dios ha estado siempre presente, fiel y activo. Verdaderamente, es Él quien nos abre el camino y nos guía hacia nuestro destino. Su misericordia, su apoyo, su protección y su cercanía son certezas en mi vida. Todo ello me ha permitido renacer y reconocer que ese mismo Dios sigue conmigo en esta nueva etapa de mi vida, para continuar siendo fiel a Él, servirle y confiar en que, con Él, todo irá bien, para gloria de su nombre», afirma el misionero.

El padre Charles con los participantes del curso de formación permanente G25 en Roma.

Al hablar de su participación en el curso de formación en Roma, el padre Charles destacó la oportunidad de visitar los lugares históricos relacionados con el fundador, san José Allamano, como su casa natal en Castelnuovo Don Bosco y la Casa Madre en Turín, así como el Santuario de la Consolata.

«Estar en contacto con mis raíces, en el entorno en el que él nació y creció, me permitió renovar mi vocación y mi compromiso como misionero de la Consolata, y sentir verdaderamente la necesidad de permanecer en contacto con el espíritu del Fundador. Esa inspiración original nos ayuda a inspirar a otros, para que la misión continúe, el carisma del Fundador dé frutos y el Reino de Dios esté presente en todos los pueblos del mundo», concluyó el padre Charles.

* Padre Jaime C. Patias, IMC, Oficina General de Comunicación.

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