La Solemnidad de Pentecostés según San José Allamano

Cada año la Iglesia celebra la solemnidad de Pentecostés por medio de la cual se conmemora aquel día cuando llegó el Espíritu Santo a los Apóstoles. El Pentecostés es una de las fiestas más importantes del año, después de la Pascua, y la iglesia lo celebra al pasar los cincuenta días después del Domingo de Resurrección.

Por Lawrence Ssimbwa *

Para los católicos, no es una celebración más, sino un acontecimiento espiritual que irrumpe en el presente: la promesa hecha por Jesús se cumple cuando el Espíritu Santo desciende sobre los discípulos reunidos en oración (Hechos 2, 1-11). Ese día, los apóstoles recibieron la fortaleza para anunciar el Evangelio sin miedo.

San José Allamano fue un discípulo misionero de Jesucristo que se dejó guiar por el Espíritu Santo. Para ello, exhortó sin medida a los misioneros de la Consolata para que siempre se dejaran guiar por el Espíritu Santo y fueran auténticos devotos a Él. A continuación, se presenta el significado de la Solemnidad de Pentecostés según san José Allamano.

El Pentecostés es la segunda Pascua

La Pascua es la fiesta de nuestra redención. Por medio de Ella celebramos los misterios de nuestra redención que son la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. El Pentecostés es considerado la segunda Pascua porque por medio de Él nació la Iglesia, Sacramento universal de la Salvación traída por Jesucristo. Acerca de ello afirma san José Allamano: “La Iglesia nació en Pentecostés con la efusión del Espíritu Santo. Es Él quien dirige la Iglesia hasta el final de los tiempos. El Papa y los obispos siguen guiándola bajo la inspiración del Espíritu Santo. Pentecostés ha sido llamado la segunda Pascua” (Así los quiero, p. 119).

El Espíritu Santo, santificador de las personas

La santidad es el resultado de hacer constantemente la voluntad de Dios. Es claro que ninguno puede ser santo o santa sin la ayuda del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el formador de los santos en cada época y generación. Acerca de este aspecto nos aclara San José Allamano: “El Espíritu Santo es quien aplica los méritos de la redención realizada por Jesús, quien convierte y santifica a las personas. Él nos ilumina y da calor, nos concede la gracia para salvarnos y santificarnos, nos ofrece sus dones. En todo tiempo es el Espíritu Santo el que forma a los santos” (Así los quiero, p. 119).

El Espíritu Santo es el protagonista de la misión

San Juan Pablo II en la Encíclica Redemptoris Missio dijo: “El Espíritu Santo es en verdad el protagonista de toda la misión eclesial; su obra resplandece de modo eminente en la misión Ad-Gentes. El Espíritu actúa por medio de los Apóstoles, pero al mismo tiempo actúa también en los oyentes” (RM 21).

El Espíritu Santo es el que guía la misión evangelizadora de la Iglesia y su éxito en cada lugar depende de Él. Él es quien empuja a los misioneros de cada época a ir de un lugar al otro con el fin de anunciar y testimoniar la salvación traída por Jesus.

Dice san José Allamano al respecto: “La misma difusión de la fe es el efecto de la acción del Espíritu Santo. Por lo tanto, a Él hay que atribuirle todo el bien que se realiza en las misiones. Al Espíritu Santo se le atribuyen las obras del amor y la gracia” (Así los quiero, p. 120). Por ser el Espíritu Santo el gran protagonista en la evangelización de los pueblos, san José Allamano pidió a sus misioneros ser devotos al Espíritu Santo: “En las misiones necesitarán al Espíritu Santo. Él los ayudará y, si será necesario por ustedes hará milagros. Esta es una devoción que debe encarnarse en ustedes. Es necesario conservarla durante toda la vida, todos los meses, todos los días, todas las horas” (Así los quiero, p. 123).

El Pentecostés, tiempo para pedir los dones y frutos de Espíritu Santo

El Espíritu Santo le da a cada creyente sus dones y frutos. Por eso, la solemnidad de Pentecostés es momento propicio para pedir los dones y frutos del Espíritu Santo. Cada creyente tiene la tarea de pedirlos en su compromiso con el seguimiento de Cristo. Acerca de esto, dice san José Allamano: “Los dones son un regalo del Espíritu Santo, pidámosle que los haga crecer en nosotros. Los frutos del Espíritu Santo llenan el alma de amor sincero y contienen una gran dulzura y suavidad. Quien goza de estos frutos vive del Espíritu Santo. Es necesario gustarlos, y para gustarlos es necesario ser devotos al Espíritu Santo” (Así los quiero, p.123).

La advertencia sobre los obstáculos al Espíritu Santo

Un obstáculo es todo aquello que impide que algo sea exitoso. Es posible que el bautizado no goce plenamente la vida en el Espíritu por los obstáculos espirituales que se le pueden presentar. San José Allamano menciona tres elementos que impiden gozar del Espíritu, a saber, el pecado, el espíritu mundano y una visión demasiado terrena de la vida.

Al respecto, afirma el Fundador de los misioneros de la Consolata: “Es el pecado el que apaga en nosotros la gracia de Dios y, por lo tanto, el Espíritu Santo. También el espíritu mundano y la visión demasiado terrena de la vida impiden la venida del Espíritu Santo, porque Él es Espíritu de verdad que el mundo no puede recibir porque no lo ve y no lo conoce. La luz del Espíritu Santo puede ser apagada por el viento o por la falta de aceite, es decir, por el espíritu del mundo o la falta de buenas obras” (Así los quiero, p.121).

Conclusión

El Pentecostés es la fiesta del Espíritu Santo. San José Allamano exhortó a sus misioneros a ser devotos al Espíritu Santo porque es el protagonista por excelencia de la obra evangelizadora de la Iglesia. Así que, la celebración de Pentecostés es un momento propicio para renovar nuestra devoción al Espíritu Santo.

* Padre Lawrence Ssimbwa, IMC, párroco en Buenaventura, Colombia.

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