Misión y Consuelo:  acompañar el sufrimiento desde una espiritualidad que cuida

Los participantes de la conferencia sobre Misión y Consuelo. Foto: Centro San Camilo

Los misioneros de la Consolata presentes en la arquidiócesis de Guadalajara (México) participaron, el 9 de julio de 2026, en la celebración del 25° aniversario de fundación del Centro San Camilo para la humanización de la salud y el sufrimiento.

Por Patrick Irungu Mungai *

En la ocasión, el padre Patrick Irungu Mungai, IMC, quien es egresado de la maestría en «relación de ayuda» del mismo Centro, presentó el tema Misión y Consuelo: acompañar el sufrimiento desde una espiritualidad que cuida.

Este centro quiere acompañar los procesos de enfermedad o duelo rescatando el sentido humano, emocional y espiritual que contienen; aborda el sufrimiento desde varios enfoques y –para médicos, psicólogos o voluntarios– ofrece formación y educación continua y talleres  en Relación de ayuda, Tanatología y cuidados paliativos entre otros.

“Misión y Consuelo”

Acompañar el sufrimiento humano es una de las tareas más delicadas y profundas. Cuando vinculamos la misión y el consuelo con una espiritualidad que cuida, transformamos el dolor en un espacio de conexión sagrada y sanación compartida. Se trata de brindar una presencia compasiva, activa y respetuosa que reconozca el dolor físico, emocional y existencial. Su propósito es validar la experiencia del otro sin juzgar, ayudándole a encontrar sentido, paz y consuelo en medio de las vulnerabilidades y siempre teniendo en cuenta que:

– El sufrimiento es un misterio que se habita, no un problema matemático que se resuelve.

– No vamos a quitar el dolor (a menudo imposible), vamos a evitar que el dolor se convierta en desesperanza o aislamiento.

– Seguimos la máxima de San Camilo de Lelis: pongan más corazón en esas manos. La técnica tanatológica es el esqueleto; la espiritualidad del cuidado es la carne y la vida.

Patrick Irungu Mungai, IMC, durante la presentación del tema Misión y Consuelo

La misión

La misión de quienes se comprometen en esa labor no pretende eliminar mágicamente su sufrimiento sino acompañar a la persona que sufre para que pueda enfrentarse a su sufrimiento con fuerza y dignidad. El acompañante no busca eliminar el dolor de inmediato, sino permanecer al lado de quien sufre, siendo una “presencia sanadora” dejando a un lado respuestas prefabricadas y los discursos vacíos. Para ello es importante:

Escucha activa que permite a la persona expresar libremente sus miedos, dudas, enojo o desesperanza sin ser interrumpida ni reprendida.

Visión holística, el cuidado integra mente, cuerpo y espíritu, reconociendo que la salud trasciende lo meramente clínico.

El Consuelo

Consolar no es solo decir “todo estará bien” ni sentir lástima por alguien. Consolar significa acompañar a la persona con cercanía y ayudarla a encontrar sentido en medio de su sufrimiento.

Esto implica estar a su lado para que no enfrente el dolor en soledad. También significa validar sus emociones, ofreciéndole un espacio seguro donde pueda llorar, enojarse o expresar lo que siente sin ser juzgada.

Además, supone brindar una presencia que aporte calma y esperanza, ayudando a encontrar un punto de apoyo en medio de las dificultades y respetando el tiempo que cada persona necesita para vivir su duelo o proceso.

Finalmente, implica compartir fortaleza mediante una escucha empática, un silencio respetuoso y una esperanza realista que acompañe sin imponer soluciones.

Acompañamiento como caminar “juntos”

El acompañamiento es una oportunidad de diálogo fraterno para escuchar, comprender y conocer a la persona desde su realidad y su situación personal; busca atender las necesidades humanas de las personas.

Para poder acompañar bien espiritualmente, el acompañante debe experimentar en su propia realidad, el amor de Dios y el amor al prójimo, para tener un encuentro lleno de gozo y alegría, libre de temores, complejos y otros sentimientos negativos.

Un acompañamiento basado en una espiritualidad que cuida se radica en: Reconocimiento de la fragilidad, acción integral, autocuidado y mística de la ternura.

Ejemplo del Buen Samaritano

La parábola del Buen Samaritano pudiera ser un ejemplo perfecto de lo que significa acompañar buscando el bienestar de nuestro prójimo.

Cuando Jesús dice «Vete y haz tú lo mismo» nos invita a actuar y a no quedarnos pasivos ante la situación que viven nuestros hermanos y hermanas que sufren. Nos estimula a salir en busca de los que nos necesitan el día de hoy.

El Buen Samaritano se para junto a todo aquel que sufre, no por curiosidad sino porque tiene la intención de ayudar; siente compasión por la persona, no lástima y en seguida se compromete en una acción misericordiosa.

Ejemplo del Buen Pastor

Los agentes de pastoral también son “buenos pastores” cuando guían, acogen, cuidan, curan, acompañan y aceptan a las personas enfermas. Cómo actúa el Buen Pastor con sus ovejas: las llama por su nombresin etiquetar, estigmatizar o discriminar. Así se gana la confianza.

Las saca fuera donde hay buen pasto. Eso quiere decir sacar al sufrientes de la zona de crisis, soledad y del aislamiento.

Camina delante de ellas, es decir, no las deja solas. La importancia de hacer un seguimiento y no solamente durante la visita domiciliar u hospitalaria

Da la vida por ellas, las ama tanto al punto de dar su vida por ellas. significa hacer todo lo posible y entrega a su servicio.

Las conoce y lo conocen y ese conocimiento vendrá de la continua y profunda relación que se establezca y no sólo cuando pasen por momentos de crisis.

Va en busca y la encuentra; no siempre se debe esperar que las personas que nos necesitan nos busquen, a veces es bueno tomar la iniciativa de visitarlos y encontrarlos.

Referencias Bíblicas

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.” (2 corintios 1,3-4).

“Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy grande.” (Job 2,13).

“Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.” (Lucas 10,33-34 –Buen samaritano).

“Jesús lloró. Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba.” (Juan 11,35-36 –Ante la tumba de Lázaro)

“Consolad, consolad a mi pueblo, dice su Dios.” (Isaías 40,1)

“Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo os daré alivio.” (Mateo 11,28).

Acompañar el sufrimiento desde una espiritualidad que cuida es parte integrante del carisma de los Misioneros de la Consolata en su labor de llevar la consolación de Cristo a los pueblos, promoviendo la dignidad, la esperanza y el cuidado integral de cada persona.

* Padre Patrick Irungu Mungai, IMC, misionero en Guadalajara, Mexico.

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