
“Primero Santos, después misioneros”. No se trata solo de una máxima o un slogan que recoge el ser y quehacer de quienes acogieron y siguen acogiendo la propuesta de vida de San José Allamano. Su trasfondo refleja no sólo un modo de vivir la fe, sino que denota una manera concreta de ser y de relacionarse con Dios, con los demás y con el entorno como espacio vital en donde se manifiesta Dios y donde se genera el “buen vivir-buen hacer”, categoría que se equipara con la propuesta del Reino que nos hace Jesús.
Por Joaquín H Pinzón *
Se trata de un modo de vida íntegro y responsable que fundamenta la acción misionera, ejercicio de vida creíble, comprometido no solo con la transformación de vidas sino también con la transformación del entorno – contexto. Unicidad de vida, que se expresa en el sueño del padre Allamano: “Misioneros en el corazón, en la mente y en las manos”.
Una ética plena que, desde lo pequeño, construye santidad
Partimos del hecho que la ética no se limita únicamente a determinar comportamientos correctos o incorrectos. Ella se ocupa, de manera más profunda, de la configuración del ser humano como sujeto capaz de responder responsablemente ante sí mismo, ante el otro, ante Dios y ante el mundo (Cfr. Ricoeur. Sí mismo como otro, p.176). La ética implica una manera de habitar la existencia, que genera un sujeto ético responsable, paradigma de una sociedad plena.
En este marco podemos ubicar la figura del misionero, propuesta por San José Allamano. Un sujeto ético llamado a ser testigo creíble desde su ser y quehacer misionero en todos los contextos y en todos los momentos de la historia, sobre todo hoy cuando se nos pide ser coherentes, en un mundo donde escasean los referentes éticos. Por ello, para San José Allamano, hacer el bien era perentorio, pero además se debía hacer bien, como norma indiscutible en la búsqueda de la santidad. Así lo afirma en una conversación el 10 de noviembre de 1912: “Dios nos ama realmente; y nos da sus gracias en continuación para sostenernos en hacer el bien y para que nos hagamos santos; y si pecamos nos perdona…” (La vida espiritual; Conf. I, 460). Una vida en virtud que genera principios y acciones de “buen vivir-buen hacer” para un buen convivir.
La misión, un modo concreto: expresión de la santidad
No nos hacemos santos para nosotros mismos, o para satisfacción propia. La virtud por sí misma y para sí misma, no es éticamente sana. Así lo propuso el maestro de Galilea convencido que el ideal de santidad debe sacar de sí a la persona para reflejar frutos de bondad: “Brille así su luz delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos” (Mt 5,16). En este horizonte podemos enmarcar la relación entre santidad y misión soñada y propuesta por San José Allamano: “nos hacemos santos para la misión” ( Vida Espiritual, p.137).
Por lo tanto, es en el ejercicio misionero donde podemos manifestar y seguir cultivando la virtud de la santidad. Así lo manifiestan las personas de un modo espontáneo, sencillo cuando hacen memoria de los grandes misioneros que han recorrido y siguen recorriendo territorios amazónicos y fronterizos: hombres y mujeres llenos de virtud y santidad, que vivieron y viven de manera coherente su misión, comprometidos con la vida en todas sus manifestaciones incluyendo el entorno – contexto donde se vive la misión.
Elevación del ambiente: componente esencial de la Misión
Una santidad plena se equipará con unos principios y un actuar integral, expresado en las relaciones sanas con el Creador, con el otro, el próximo y con la naturaleza- casa común. En palabras del Papa Francisco una ecología integral, que no menosprecia el contexto vital donde se vive la misión: “Así podremos proponer una ecología que, entre sus distintas dimensiones, incorpore el lugar peculiar del ser humano en este mundo y sus relaciones con la realidad que lo rodea” (Laudato Si’, 2015, n.º 15).
Desde los orígenes de este proyecto misionero, San José Allamano tuvo claro que el misionero, en coherencia con el Evangelio, es un sujeto ético comprometido con el ambiente, contexto vital de la misión. Hablando del método misionero, en una carta escrita a los misioneros el 2 de octubre de 1910, manifestaba: “… amarán una religión, que más allá de ofrecerle las promesas de la otra vida, los hace más felices en esta tierra…”. En el método misionero de la Consolata es claro el compromiso con el entorno y la elevación del ambiente, que para nosotros, de manera concreta, es el cuidado de esta casa común: la Amazonía.
Estamos llamados a escuchar su grito: “La Amazonía hoy es una hermosura herida y deformada, un lugar de dolor y violencia. Los atentados contra la naturaleza tienen consecuencias contra la vida de los pueblos”. (Documento Final del Sínodo de los Obispos para la Amazonía, 2019, p. 5). El territorio no es simplemente el lugar donde ocurre la misión, es sujeto vivo de relaciones, memoria y trascendencia. Cuidar la Amazonía implica reconocer que la creación posee un valor que supera la mera utilidad humana.
Estos principios, en gran auge en el momento actual, no causan perplejidad para un misionero/misionera de la Consolata que sabe escrutar y discernir el patrimonio espiritual y moral propuesto por el fundador, en diálogo con otros saberes y espiritualidades, puesto que “saben estar” en el contexto misionero donde se ubican. Sin embargo, se convierte en un desafío para todos aquellos que, lejos del contexto, escrutan y disciernen sobre nuestra casa común.
Referencias Bibliográficas
Paul Ricoeur (1996, Edición Español). Sí mismo como otro. https://construcciondeidentidades.wordpress.com/wp-content/uploads/2014/08/ricoeur-paul-si-mismo-como-otro.pdf
Sínodo de los Obispos. (2019). Documento final: Amazonía: Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral. Libreria Editrice Vaticana. https://www.vatican.va/roman_curia/synod/documents/rc_synod_doc_20191026_sinodo-amazzonia_sp.html Francisco. (2015). Carta encíclica “Laudato Si’: sobre el cuidado de la casa común. Libreria Editrice Vaticana.
https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html Allamano, G. (1977). La vida espiritual: Según las conversaciones ascéticas del Siervo de Dios P. José Allamano (L. Sales, Recop.). Misioneros de la Consolata
* Por Mons. Joaquín Humberto Pinzón Güiza, IMC – Misionero de la Consolata y obispo del Vicariato Apostólico de Puerto Leguízamo-Solano.


