Florencia recordó al Padre Leovilgildo: “Su tumba se convierte en un altar vocacional”

Celebración de la pascua del padre Leovilgildo IMC – Fotos: P. Julio Caldeira

La Iglesia de Florencia, Caquetá, la familia y los Misioneros de la Consolata recordaron el primer aniversario de la pascua del Padre Leovilgildo Carlos Ussene, joven sacerdote mozambiqueño que entregó su vida misionera en Colombia hace un año.

Por Julio Caldeira IMC

Con dos Eucaristías celebradas el 25 de mayo de 2026 en la ciudad de Florencia, Caquetá, la Iglesia local, la familia y los Misioneros de la Consolata recordaron el primer aniversario de la pascua del Padre Leovilgildo Carlos Ussene, IMC, joven sacerdote mozambiqueño que entregó su vida misionera en Colombia. En un ambiente marcado por la emoción, la oración y el recuerdo agradecido, se destacó el legado del “misionero de la sonrisa larga”, como muchos lo llamaban cariñosamente.

La primera celebración tuvo lugar en horas de la mañana en la Catedral Nuestra Señora de Lourdes y la segunda en la noche, en la parroquia Corazón Inmaculado de María, comunidad donde el padre Leovilgildo ejerció su ministerio como párroco hasta su fallecimiento el 25 de mayo de 2025.

Las celebraciones reunieron a numerosos fieles, amigos y misioneros provenientes de Florencia, Bogotá, Bucaramanga, Cali, Buenaventura y otras regiones del Caquetá. Uno de los momentos más significativos fue la presencia de su hermana, Dilania Benita Carlos, llegada desde Mozambique para compartir con la comunidad este homenaje lleno de fe y gratitud.

Semillas para la misión

En la celebración matutina, el padre Ariel Torres Sanza, párroco de la Catedral de Florencia, destacó que el Padre Leovilgildo “llegó a Colombia y de manera sublime a nuestra tierra del Caquetá” para “saciar la sed de Dios de tantas personas”. Señaló además que su tumba, ubicada en la cripta de la Catedral, “se convierte en un altar vocacional”, recordando que “donde permanecen los restos mortales de un sacerdote misionero de la Consolata, brotan semillas para la misión”.

En un signo concreto, después de la Eucaristía, los participantes realizaron una procesión hasta la tumba del Padre Leovilgildo, ubicada en la cripta de la Catedral de Florencia, llevando un cirio y flores. Entre cantos y oraciones en español y macúa —lengua originaria del misionero— la comunidad elevó plegarias por su eterno descanso y renovó el compromiso de continuar el espíritu misionero que él dejó sembrado.

Agradecimiento y cercanía de la familia

Por su parte, su hermana Dilania Benita Carlos compartió un emotivo mensaje en nombre de toda la familia: “En nombre de nuestra madre Nita Capiale, de nuestro padre Carlos Ussene y de todos sus hermanos: Judite, Osvaldo, Dilania y Edivânia, queremos saludar con cariño y gratitud a los Misioneros de la Consolata, sacerdotes, religiosos, religiosas y a todas las comunidades que acompañaron la vida y misión del Padre Leovilgildo Carlos Ussene”.

En un mensaje lleno de esperanza cristiana, recordó el testimonio de entrega total del joven misionero mozambiqueño, nacido en la Diócesis de Lichinga, Provincia de Niassa, quien respondió generosamente al llamado de Dios y dedicó su vida al anuncio del Evangelio en tierras colombianas. “Su memoria permanece viva como signo de amor, valentía misionera y servicio a los más necesitados”, expresó.

Recordó que el Padre Leovilgildo “se consumió como una vela en el altar de la misión”, entregando su juventud y su vida al servicio del Evangelio en Colombia. Con profunda fe expresó que su hermano “no se fue hacia la nada; se fue hacia el abrazo eterno de Aquel a quien dedicó cada latido de su corazón”.

La familia manifestó también un profundo agradecimiento a todas las personas que acompañaron al Padre Leovilgildo durante su camino sacerdotal y misionero, especialmente a las comunidades que lo acogieron como un verdadero hijo y hermano lejos de su tierra natal. A un año de su partida a la Casa del Padre, reafirmaron que su ejemplo continúa inspirando nuevas vocaciones y fortaleciendo la esperanza en Cristo resucitado. “No te decimos adiós, sino hasta pronto”, concluyó la familia, confiando en que el Padre Leovilgildo sigue intercediendo desde el Reino de Dios por la Iglesia y por las misiones.

El llamado a permanecer unidos en Cristo

Durante la homilía de la Eucaristía de la noche, el padre Venanzio Mwangi, superior de los Misioneros de la Consolata en Colombia, recordó que “hoy, hace un año, se nos fue un hermano”, invitando a vivir este momento “en oración y unidad”, como los discípulos después de la Ascensión del Señor. Destacó que la mejor herencia del Padre Gildo fue el llamado “a permanecer delante de Dios, alimentándonos de la Palabra, los sacramentos, la oración y la confianza en el Señor de la vida”. También subrayó que el joven sacerdote, “aunque se nos fue demasiado joven, cumplió su misión”, pues vivió con alegría y entrega generosa su servicio al Evangelio.

Padre Venanzio insistió en que “la fecundidad de la vida sacerdotal y misionera no se mide por la cantidad de años que trabajamos, sino por la fe y la entrega genuina a Dios y al pueblo”. Inspirado en el ejemplo de María, Madre de la Iglesia, animó a la comunidad a permanecer unida en el amor y en la misión, recordando que “la ausencia de un sacerdote querido deja un vacío humano, pero no rompe la comunión en Cristo”. Finalmente afirmó que el mejor homenaje al Padre Leovilgildo es “permanecer junto a la cruz, perseverar en la oración, vivir unidos como Iglesia y seguir anunciando el Evangelio con espíritu misionero”.

La jornada concluyó con una noche de homenajes en el salón parroquial de la parroquia Corazón Inmaculado de María, donde fieles, amigos y comunidades compartieron mensajes, cantos y testimonios llenos de afecto, memoria y esperanza: “Ole onikiwelela miyo, namwi akwiye onokala ni okumi” (“El que cree en mí, aunque muera, vivirá”) – Jn 11,25.

Breve biografía del Padre Leovilgildo

Padre Leovilgildo Carlos Ussene, IMC, nació el 16 de marzo de 1988 en Mandimba, Provincia de Niassa, Mozambique, en el seno de una familia profundamente cristiana. Hijo de Nita, catequista, y Carlos, educador, creció junto a sus hermanos Judite, Osvaldo, Dilania y Edivânia en un ambiente marcado por la fe y el servicio a la Iglesia. Desde pequeño convivió con los Misioneros de la Consolata, experiencia que despertó en él la vocación misionera. Después de concluir su formación básica, ingresó a la Familia de la Consolata, realizando estudios de filosofía, el noviciado y su primera profesión religiosa el 26 de diciembre de 2012 en Maputo.

Posteriormente fue destinado a Colombia, donde estudió español y teología en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Su experiencia misionera se fortaleció en Buenaventura, trabajando entre comunidades pobres y en la Pastoral Afrodescendiente. Allí realizó su profesión perpetua el 12 de mayo de 2017 y fue ordenado diácono al día siguiente. En 2019 regresó a Mozambique para recibir la ordenación sacerdotal en Cuamba, el 29 de septiembre, de manos de Mons. Atanásio Amisse Canira.

De regreso a Colombia, sirvió como vicario parroquial y director diocesano de la Pastoral Afro en Buenaventura, y posteriormente como párroco de la Parroquia Inmaculado Corazón de María, en Florencia. Su vida misionera, intensa y generosa, culminó el 25 de mayo de 2025, cuando partió a la Casa del Padre en pleno Año Jubilar y centenario de San José Allamano. Sus restos mortales están en la cripta de la Catedral Nuestra Señora de Lourdes, en Florencia, Caquetá.

* Padre Julio Caldeira es misionero de la Consolata en Cartagena del Chairá, Caquetá.

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