
Para San Lucas, el evangelista y narrador de los Hechos de los Apóstoles, la misión de los discípulos, misioneros del Crucificado – Resucitado, es entendida como testimonio. Ser discípulo es sinónimo de ser testigo. No se trata de transmitir conocimientos, sino de comunicar con la propia vida la experiencia de haber conocido a Jesús y el perdón de los pecados. Una misión que abarca desde Jerusalén hasta los confines del mundo y el final de los tiempos.
Por Ruth Elvira Sánchez Rosso *
Para Lucas, un testigo es alguien que ha visto, ha oído y ha caminado con Jesús. Los discípulos estuvieron presentes durante todo el ministerio público, fueron testigos de su pasión y, sobre todo, de su resurrección. Ellos no anuncian una teoría, sino un hecho histórico del que son garantes directos.
Por ser testigos es que reciben, del mismo Señor Jesús, la misión de testimoniar: “Y que se predique en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las gentes, comenzando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas” (Lc 24, 47-48). Debe compartir el mensaje del perdón y la reconciliación, “revestidos de la fuerza de lo alto” (Lc 24, 49). En el libro de los Hechos, esta fuerza de lo alto, don del Espíritu Santo, sucede en Pentecostés. Es lo que transforma a los discípulos en testigos valientes, audaces e imparables, capaces de superar cualquier persecución.
Dar testimonio implica mostrar con la propia vida el impacto del Evangelio. Anunciar con palabras la salvación, reflejando en la vida el estilo de Jesús (sanando, perdonando y sirviendo a los más pobres en todo sentido). Más aún, en griego la misma palabra quiere decir martys, en español “mártir”, indicando que el discipulado auténtico, dona su vida en lo cotidiano pero su fidelidad lo puede llevar hasta el derramamiento de su propia sangre, la entrega total, que hace con alegría, en fidelidad al Señor Jesús y su misión.

Testimonio de una laica
Gracias a Dios, al legado de Mons. Casaldáliga, Mons. Proaño, Mons. Gonzalo entre otros, y valerosos discípulos de Jesús en esa línea de Iglesia Latinoamericana, hay muchos testimonios de fidelidad y profetismo que alientan la esperanza.
Estuve ahora en Lago Agrio, Sucumbíos, y específicamente el 9 de mayo de 2026, participando en:
- la conmemoración del 10° aniversario de la Pascua de Mons. Gonzalo López Marañón, Obispo emérito de Sucumbíos, (fallecido en Angola, Africa),
- inicio de la celebración de 100 años de evangelización en Sucumbíos y,
- la fiesta de las comunidades cristianas de la iglesia de Sucumbíos.
Fue una alegría inmensa ver a tantos ministerios laicales, mujeres y varones, algunas/os religiosas/os misioneras/os, y a Mons. Moacir Goulart de Figueredo, nuestro Obispo desde enero 2025, procurando divulgar, mantener, promover y fortalecer el espíritu y la práctica de Iglesia en comunidad, ministerial, participativa y sinodal. La presencia fue significativa con la participación de todas las pastorales: indígena, afro, campesina y urbana de toda la provincia.
Estaba presente también el P. Marcelito Sarmiento, OCD, Comisario de los Carmelitas de Ecuador; los Carmelitas que siguen de Misioneros activos en Sucumbíos a sus 79, 80 y 81 años.
La Catedral Ntra. Sra. del Cisne completamente llena, adornada con signos amazónicos, procesión de la Palabra con danzas y cantos de las mujeres y niñas/os de la Pastoral Negra, el Evangelio fue leído en español y también en shuar, por un diácono de esta nacionalidad, almuerzo comunitario para cerca de 800 personas, la Eucaristía fue animada por el coro “Peregrinos de Esperanza”, de gente joven en su mayoría, acompañados por la Hna. Lola Mora, rectora del ISTEC, (Instituto Tecnológico CRECERMAS) y Enrique Fuertes, quienes siguen trabajando y procurando hacer realidad el sueño de Mons. Gonzalo: educación incluyente y de calidad para la gente de Sucumbíos.
Estuvimos acompañadas/os también, por la Iglesia hermana de Aguarico, entre ellos Mons. Adalberto Jiménez y Mons. Jesús Esteban Sádaba, obispo emérito y algunas personas de la REPAM.
Mucha vida registrada en un periódico mural con aporte de parroquias y comunidades, con fotos, recuerdos y material del camino de esta iglesia de Sucumbíos que sigue adelante viva, con fe y alegría, procurando caminar con 2 pies: evangelización, y pastoral social y organizaciones populares, defendiendo derechos humanos, y la casa común.
Estuve también en Quito visitando a la hermana Rosita Velasco una religiosa de la Providencia con quien trabajé los primeros 4 años en Sucumbíos (1993-1996) en la ribera del Río Putumayo. Vi también al P. Juan Cantero, OCD, que llegó hace 55 años a Sucumbíos y está hace un par de años en la Prq. Santa Teresita en Quito. Acabó de cumplir 83 años este mes y ya no se atrevió ir al Lago Agrio, porque le están molestando y doliendo mucho sus rodillas. Me regaló este libro que escribió y publicó hace poco.


Mucho que agradecer al Buen Jesús, a tantas semillas de Reino y granos de trigo enterrados que siguen germinando, y a las experiencias y duras pruebas que a lo largo de estos años nos han hecho resilientes y nos alientan a mantenernos como sembradoras/es de esperanza en nuestra Iglesia de Sucumbíos.
* Por Ruth Elvira Sánchez Rosso, del Ministerio Reconocido del Vicariato Apostólico de Sucumbíos.



