
Con una sólida formación académica en tres continentes y una profunda devoción de a pie, el Padre Juma Mário Henriques repasa su camino desde su pueblo natal hasta la parroquia Santo Cura Brochero en Argentina.
Por Celina Atencio *
Entre Mozambique y Argentina median miles de kilómetros, abismos culturales y climas enteros. Sin embargo, para el Padre Juma Mário Henriques, imc, las fronteras geográficas se desdibujan cuando la misión se asume con una actitud interior de apertura y fraternidad. Con una notable trayectoria que enlaza la rigurosidad de la teología dogmática con la cercanía de la pastoral de a pie y la disciplina del running, el sacerdote misionero despliega hoy su labor en la Parroquia Santo Cura Brochero, en la localidad bonaerense de Merlo Moreno
La “valija espiritual” y el equipaje que no cabe en el bolso
El 1 de febrero de 2025 marcaba el inicio oficial de su primer envío misionero en suelo argentino. En sus maletas materiales viajaban la Biblia como fuente insustituible de discernimiento, el rosario para los momentos de soledad, recuerdos familiares y la estampa de Nuestra Señora de la Consolata. No obstante, el Padre Juma sostiene que lo más indispensable para desembarcar en una nueva tierra escapa a cualquier equipaje:
“Lo más indispensable es la actitud interior de apertura, la disponibilidad para aprender de una nueva cultura, para dejarme transformar por ella y descubrir en lo cotidiano la presencia de Dios que me llama a ser consuelo”.
Su camino de preparación fue largo y exigente: inició en la comunidad de San Timoteo-Muthiapua y en Itoculo, su humilde pueblo natal en el norte de Mozambique, donde trabajó la tierra para sobrevivir y conoció la pobreza en carne propia. Luego continuó su formación en el seminario Mater Apostolorum de Nampula (2010-2012), estudió Filosofía en Matola (2013-2015), realizó el noviciado en Kenia (2016-2017), se formó en el Cedara Theological Institute en Sudáfrica (2018-2021) y culminó su especialización en Teología Dogmática y Fundamental en la Universidad Santo Tomás de Aquino (Angelicum) en Roma (2022-2024).



Fe en movimiento: cuando el ritmo de los pasos se vuelve oración
Para el Padre Juma, correr va mucho más allá de un deporte: es un espacio de encuentro con Dios y con los demás. En el silencio del ritmo y la respiración encuentra la oración, mientras que en la pista comparte y escucha las historias de otros corredores, transformando el entrenamiento físico en una experiencia comunitaria.
Entre las postales que atesora de su faceta deportiva, recuerda con nitidez lo ocurrido el 9 de noviembre de 2019, justo durante el día de su cumpleaños. Mientras entrenaba por la tarde, la embestida de un perro escapado lo hizo rodar por el suelo, dejándolo golpeado y dolorido. Lejos de tomarlo como un mal trago, transformó el accidente en una lección para su vocación:
“Esa caída me enseñó que el deporte, como la misión, exige resiliencia: no basta con tener fuerza, hay que tener constancia y la capacidad de recomenzar después de cada tropiezo. La vida misionera nos presenta imprevistos y caídas que nos hacen sentir vulnerables, pero Dios nos llama a transformar las heridas en testimonios. La verdadera victoria no está en llegar primero, sino en no dejar de avanzar”.
Teología de a pie y de cara a las periferias
Su paso por la formación teológica en Sudáfrica resultó determinante para forjar su mirada sobre la vulnerabilidad social. Al haber vivido la pobreza en piel propia, aprendió que la teología no puede recluirse en los libros, sino que constituye una herramienta para escuchar a las comunidades postergadas y asumir que el sufrimiento ajeno es un lugar sagrado donde Dios se revela.
En la Parroquia Santo Cura Brochero y en la Comunidad Apostólica Formativa —donde junto a los Padres Marcelo De Losa y Romaus Shiveka acompaña a cinco jóvenes seminaristas de Venezuela, Etiopía, Colombia y Kenia—el Padre Juma concreta el llamado del Papa Francisco a ser una “Iglesia en salida”.
“En Argentina he experimentado lo que significa llorar con la gente, compartir sus dolores y también sus esperanzas. Es en esos momentos donde la teología se hace carne: no como teoría abstracta, sino como palabra que consuela y gesto que acompaña”.
Subte, mate y sabiduría ancestral: el arte de dejarse transformar
Decidido a comunicarse con el pueblo que lo recibía, ese mismo mes comenzó las clases de español. Su rutina diaria implicaba tomar el subte y guiado por las profesoras, aprendió no solo la gramática castellana sino también el significado profundo del mate como puente de amistad.
Un año más tarde, en febrero de 2026, participó en Córdoba de un taller de interculturalidad al tiempo que comenzó a adentrarse en la historia de los pueblos originarios como los Mapuches y Kollas.
Al mirar hacia adelante, el sacerdote no busca impartir lecciones magistrales, sino contagiar a los jóvenes y a las familias argentinas el fuego del carisma de la Consolata: una fe viva, cercana y alegre que consuele allí donde la vida aprieta, caminada bajo la protección de Nuestra Señora de la Consolata y el legado de San José Allamano.
* Equipo de Comunicaciones Argentina.


