
Con el firme propósito de encarnarse en la realidad del pueblo colombiano, cerca de 20 misioneros de la Consolata, procedentes de diversos países latinoamericanos y mayoritariamente de África, avanzan en el curso intensivo de “Inducción a la Realidad Colombiana”. Este espacio no es solo un ejercicio académico, sino un proceso vital de inserción para quienes han decidido entregar su vida al servicio en este país.
Por redacción *
Descubriendo el territorio y su historia, la jornada inició con una mirada profunda a la geografía y el pasado. Bajo el eje “¿Dónde estamos? ¿De dónde venimos?”, los misioneros se sumergieron en el reconocimiento de Colombia como un país de “belleza y vida”. A través de una cartografía política y el estudio de las regiones naturales, el grupo analizó la reseña histórica, sociopolítica, económica, cultural y eclesial que ha configurado el rostro actual de la nación. Este diálogo inicial permitió a los misioneros, especialmente a los recién llegados del continente africano, comprender las raíces de la sociedad que hoy los recibe.
Analizando los contrastes de una nación resiliente, el curso avanza hacia un análisis crítico con la pregunta “¿Cómo estamos y por qué?”. En estos momentos, los participantes debaten sobre Colombia como un país de contrastes, donde coexisten grandes riquezas con situaciones de pobreza y fragmentación social. El estudio no elude los temas complejos: se discute sobre la democracia, la exclusión y las diversas formas de violencia, pero también sobre las resistencias y la asombrosa resiliencia del pueblo colombiano.
Hoy, el enfoque se centra en la identidad: “¿Quiénes somos?”. Los misioneros exploran la cartografía demográfica y social, reconociendo la riqueza multiétnica y pluricultural que define a la población. Este reconocimiento de la diversidad es fundamental para que la labor de la Consolata sea respetuosa y cercana a los diferentes contextos regionales.
Hacia una Iglesia en salida y comprometida, la proyección del curso mira hacia el futuro. En las próximas sesiones, el grupo analizará hacia dónde va la sociedad colombiana, estudiando los movimientos sociales, las reformas y los procesos colectivos que buscan construir una nación más justa y fraterna. Para los misioneros, esto se traduce en identificar “signos de esperanza” y caminos de alianza con la sociedad civil.
El cierre de esta inducción se enfocará en la dimensión eclesial: “¿Hacia dónde vamos como Iglesia?”. Se espera que, para la conclusión del curso, los misioneros tengan claridad sobre las opciones pastorales y los desafíos específicos que la misión de la Consolata enfrenta en el contexto actual de Colombia. Este discernimiento comunitario permitirá que cada misionero asuma su servicio con una visión renovada y profundamente conectada con las necesidades del país.
* Por oficina de Comunicaciones del IMC en Colombia





